Abstract
La comunicación científica atraviesa una etapa de profundas transformaciones. La consolidación del paradigma de Ciencia Abierta, el crecimiento de las plataformas digitales de publicación y el desarrollo de nuevas formas de evaluación de la investigación; han generado oportunidades inéditas para democratizar el acceso al conocimiento. Sin embargo, estos avances conviven con un sistema internacional de evaluación científica que continúa otorgando un peso determinante a indicadores bibliométricos derivados de las revistas indexadas en bases de datos comerciales de alcance global, como Web of Science (WoS), cuyo indicador es el conocido Factor de Impacto de Revistas (JIF, según su sigla en inglés) y el CiteScore utilizado por Scopus. La principal diferencia es que este último, por sus características, posee para su cálculo una cobertura más amplia de revistas y de tipos de artículos que la primera; dando así alcance a las revistas producidas en países emergentes como Argentina. Esta coexistencia produce tensiones especialmente visibles en América Latina, donde existe una larga tradición de publicación científica en Acceso Abierto, sostenida mayoritariamente por universidades públicas, sociedades científicas y organismos estatales, por caso, la revista Biquímica y Patología Clínica (ByPC) editada por la Asociación Bioquímica Argentina (ABA). Las revistas científicas latinoamericanas cumplen un papel estratégico que trasciende la mera difusión de resultados de investigación. Constituyen espacios de construcción de comunidades disciplinares, favorecen la circulación de conocimientos contextualizados en los problemas sanitarios y sociales locales y regionales y promueven la publicación en español, y, en ocasiones, en inglés y portugués; ampliando el acceso al conocimiento para profesionales y responsables de la toma de decisiones sanitarias. En disciplinas aplicadas, como la Bioquímica Clínica, estas funciones adquieren una relevancia adicional, ya que facilitan la transferencia de conocimiento hacia la práctica asistencial y el sistema de salud. Paradójicamente, muchas de estas revistas poseen una valoración limitada dentro de los sistemas nacionales de evaluación científica. En Argentina, al igual que en otros países de la región, los procesos de evaluación de investigadores, grupos de investigación y proyectos continúan privilegiando la publicación en revistas indexadas en bases de datos internacionales que utilizan indicadores bibliométricos, especialmente aquellos vinculados al factor de impacto o métricas equivalentes. Aunque en los últimos años se han incorporado criterios cualitativos y se han producido avances en el reconocimiento de la diversidad de productos científicos, la lógica predominante continúa asociando la calidad científica con el prestigio bibliométrico de la revista donde se publica. Es en este contexto que la ABA, en su calidad de entidad editora, ha decidido llevar adelante un plan de adaptación de políticas y prácticas editoriales que permitan a ByPC estar en condiciones de ser presentada para su ingreso en Scopus, el cual se ejecutará a partir del segundo semestre de 2026. Uno de los principales objetivos de este emprendimiento es generar un factor dinamizador que no solamente posicione a la revista en el plano internacional sino que también la convierta en una revista de preferencia para que quienes investigan opten por publicar sus trabajos en ella, dado que es uno de los indicadores más considerados por el actual de sistema de evaluación de la producción científica en Argentina, gestionado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), las universidades nacionales y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i). No obstante, es importante resaltar que, dentro de los criterios valorados por dichos organismos, también se considera positivamente que las personas investigadoras publiquen su producción científica en revistas científicas que cumplan con criterios de calidad editorial e indexadas en bases de datos científicas regionales o internacionales, o que integren la colección del Núcleo Básico de Revistas Científicas Argentinas del CONICET, dentro de las cuales se encuentra ByPC. La situación de tensión descrita genera un círculo difícil de romper. Por una parte, las revistas latinoamericanas necesitan atraer manuscritos de alta calidad para fortalecer sus indicadores editoriales e incrementar sus posibilidades de ingresar a sistemas internacionales de indexación. Por otra parte, las personas investigadores con mayor trayectoria suelen priorizar revistas ya posicionadas en dichos sistemas, porque ello repercute favorablemente en sus trayectorias académicas, en las posibilidades de financiamiento y genera promociones institucionales. Como consecuencia, numerosas revistas regionales encuentran dificultades para incrementar su impacto internacional precisamente porque reciben menos contribuciones de los investigadores con mayor producción científica. El problema no radica en la indexación internacional en sí misma. Por el contrario, lograr la inclusión en bases de datos de alcance global representa un objetivo legítimo y deseable. La indexación aumenta la visibilidad internacional, facilita la recuperación de los artículos, incrementa las posibilidades de colaboración científica y favorece la circulación global del conocimiento producido en América Latina. Asimismo, los rigurosos procesos de evaluación editorial exigidos por estas bases, suelen impulsar mejoras en la calidad de las revistas, fortaleciendo aspectos como la transparencia editorial, la ética en la publicación, la profesionalización de los equipos editoriales y la adopción de estándares internacionales. La tensión aparece cuando la indexación deja de ser un medio para mejorar la comunicación científica y se transforma en un fin en sí mismo, subordinando las agendas editoriales a criterios definidos fuera del contexto regional. Diversos autores latinoamericanos han señalado que la dependencia excesiva de indicadores bibliométricos puede invisibilizar investigaciones orientadas a resolver problemas locales, desalentar publicaciones en idiomas distintos al inglés y favorecer la concentración del reconocimiento científico en un reducido conjunto de editoriales internacionales. Este fenómeno ha sido ampliamente discutido en el marco de quienes impulsan el modelo de publicación de Acceso Abierto, que históricamente promovió modelos alternativos basados en la cooperación académica y el financiamiento público, representados por iniciativas como SciELO, Redalyc y Latindex. En este contexto, América Latina ocupa una posición singular dentro del ecosistema mundial de comunicación científica. Mientras en otras regiones el Acceso Abierto ha estado asociado predominantemente al pago de cargos por procesamiento de artículos (APC, según su sigla en inglés), el modelo latinoamericano se ha caracterizado por ofrecer acceso abierto sin costos para autores ni lectores, sostenido por instituciones públicas y organizaciones científicas. No obstante, la sostenibilidad de este modelo, enfrenta desafíos cada vez mayores. Las exigencias de profesionalización editorial, preservación digital, interoperabilidad, identificación persistente, publicación y preservación de datos de investigación y nuevas modalidades de evaluación requieren inversiones crecientes en infraestructura, capacitación y recursos humanos especializados. Muchas revistas editadas por sociedades científicas funcionan gracias al compromiso voluntario de sus equipos editoriales, lo que dificulta responder simultáneamente a las demandas internacionales y mantener los principios históricos de Acceso Abierto no comercial. En Argentina, estas tensiones también interpelan a las políticas de evaluación científica. Si bien organismos como el CONICET han impulsado discusiones sobre la necesidad de ampliar los criterios de evaluación y considerar el impacto social de la investigación, en la práctica persiste una fuerte influencia de los indicadores bibliométricos tradicionales. Esta situación puede generar efectos no deseados, entre ellos la desvalorización de revistas nacionales de alta calidad editorial que cumplen un papel fundamental para determinadas comunidades disciplinares y profesionales. Desde esta perspectiva, la discusión no debería plantearse como una dicotomía entre la internacionalización o el fortalecimiento regional. Ambos objetivos son compatibles y, de hecho, mutuamente necesarios. Las revistas latinoamericanas deben aspirar a alcanzar los estándares editoriales exigidos por las principales bases de datos internacionales, mejorar su visibilidad global y ampliar su circulación internacional. Pero este proceso no debería implicar abandonar los principios que históricamente distinguieron al modelo editorial latinoamericano: Acceso Abierto sin barreras económicas, técnicas y legales, cooperación institucional, compromiso con las necesidades regionales y producción científica multilingüe. En definitiva, el desafío consiste en evitar falsas dicotomías. Internacionalizar no debe significar perder identidad regional, así como defender el modelo latinoamericano de Acceso Abierto, no implica renunciar a la excelencia editorial ni a la visibilidad internacional. Alcanzar ese equilibrio exige sistemas de evaluación responsables, políticas públicas coherentes que promuevan el financiamiento sostenible para las revistas científicas y un compromiso compartido entre entidades editoras, personas investigadoras, sociedades científicas e instituciones académicas. Solo así será posible fortalecer un ecosistema editorial que contribuya simultáneamente al reconocimiento internacional de la ciencia latinoamericana y a su capacidad de responder a las necesidades de nuestras sociedades.
